


Aquí estoy ya en casa del Ricardino, con el jetlag en tó lo arto. Menos mal que me he puesto salsa vieja para ver si me espabilo... aunque lo dudo.
Tengo una cierta facilidad para sentir lo recientemente pasado como pasado hace mucho tiempo.
Ayer me acompañó la Carmela a Caracas (tenía que hacer cosas) y me dejó embarcado en el bus que iba para el aeropuerto. Poco que contar. A las siete o así ya me estaba durmiendo y a las 5 horas o así (las 6,30 de madrugada siguiente, hora española) ya me estaban despertando para desayunar. Ricardo ha ido a recogerme a Barajas a las 11 y media. He leído más en los tiempos de espera en los aeropuertos que en el avión.
El domingo fue un día tranquilo. Fuimos por la mañana un rato a la playa y por la tarde nos jugamos nuestra última partidita de billar (que también ganamos, qué le vamos a hacer).
El sábado una larguísima e interesantísima asamblea de productores de cacao. De las cosas que he visto en Venezuela creo que es la que más me ha permitido sentir un poco el proceso "revolucionario" en vivo. Tal vez podríamos haber ido también el domingo a Caracas a la manifestación de celebración de derrota del golpe y a escuchar en directo a Chávez. No se nos ocurrió siquiera. A lo que íbamos: una asamblea con todas las de la ley, con sus pros y sus contras. Algunos comentarios:
- El uso del lenguaje revolucionario es bastante "normal" y generalizado. Da la impresión de que mucha gente "se lo cree".
- En ese lenguaje también se incluye la autocrítica, el llamamiento a la participación autónoma, al empoderamiento...
- A mí me parece que los venezolanos y venezolanas son más "echaos p'alante" a la hora de hablar, de participar, de opinar, de criticar...
- Fue una asamblea viva, sobre todo en la primera parte. En la segunda con la intervención de alguién del sistema aquello se convirtió en una especie de consultorio particular. Además, la señora tenía un lenguaje "políticamente bolivariano correcto" que no me resultaba auténtico, sentido...
- En la asamblea, las formas eran muy clásicas, aunque algo mejoradas. Cuando se fue alargando y el cansancio hizo mella, empezaron los corrillos, el ruido de fondo, las entradas y salidas y terminó por consunción.
- Hubo momentos en que me emocioné y sentí que aquello era realmente un proceso de empoderamiento colectivo...
El viernes por la mañana llegué de mi periplo por el Orinoco. Pestaculá!
No cabrían todas las fotos significativas que he hecho... y he hecho pocas. Lo que más me ha gustado... el silencio, el agua, los caños más chicos, el conjunto, los ruidos, los colores, la espesura de la vegetación, la "virginidad"...
Resultaba a ratos apabullante tanto disfrute de los sentidos...
También, aunque un poco duro, compartir la vida, aunque haya sido en pequeñísima medida, con los warao, escucharles hablar en su lengua, ver sus "viviendas" sin paredes, con techos de palma, los palafitos hechos con tablones cortados con motosierra, a puro pulso... sus comidas (la yuca, el okumo...).
El último día, por la tarde, salió toda la familia con hachas y machetes, en la barca a motor. Le pregunté a José, mi guía y mi barquero, que si habían ido a por leña y me dijo que no, que iban a coger un gusano que sale en el tronco del moriche (una especie de palmera, casi sagrada, con unas "pelotitas" colgando, del que se aprovecha casi todo) veinte días después de haberlo cortado, muy rico, pura "manteca", que igual luego nos lo ofrecían. Menos mal que no fue así, porque igual no me hubiera atrevido a negarme.
Con esto ya está todo completo, el círculo cerrado... y el blog concluido hasta nuevo aviso. Para terminarlo de manera más solemne, os voy a transmitir los mensajes del Orinoco, con su interpretación y todo:
- Muchas cosas con las que no nos atrevemos porque parecen muy duras o difíciles o pesadas... luego no son nada, tigres de papel.
- Las orillas del Orinoco están llenas de calas (flor, ver foto).
Podría interpretarse en el sentido de que en todas partes se pueden hacer cosas bellas y revolucionarias.
3. En el Orinoco caben miles de Ochomogos. Mensaje indescifrable. Posibildad: una corriente inmensa, tranquila, majestuosa y potentísima es el resultado de miles de riachuelos desiguales, con enormes y peligrosas crecidas. No se puede empezar por el Orinoco, sino por los Ochomogos.